La ciudad se adecua sumando millones de decisiones individuales sobre, que mantener o donde innovar; mejora y se deteriora por pedazos donde los individuos nos agrupamos o nos reagrupamos entre conveniencias y obligaciones.
Las NORMAS que se nutren de costumbres aceptadas libremente tienen RAÍCES; las que se imponen tienen que crear con mucho esfuerzo lo que el poder de los acuerdos voluntarios obtiene sin fricción transmutando la fuerza de la conveniencia en obligación de servir a otros por el propio interés.
Cuando intentamos alinearnos entre unos cuantos puntos de vista que imponen unos pocos sobre los demás renunciamos a ocupar todo el espacio de una realidad inundada de infinitos.
De la tensa mezcla entre controles y libertades sobrevivieron vigorosas las propiedades de las cosas aceptando que nos adueñáramos de sus significados.
La PROPIEDAD y los INTERCAMBIOS dejaron historias de usos y costumbres coloreadas por innumerables intentos de mejorar la realidad, que densa y compleja siempre los desbordo.
Queda claro que mientras el diseño es inevitable , la selección de la escala será definitiva para integrarse al cambio permanente de las muchas formas de agruparnos en familias y barrios,.
Ahora que vivimos, entre el plan de UNO o los planes de UN GRUPO sumados a todos los anteriores, estamos tomando nota del poco espacio para lo nuestro y para la LIBERTAD.
A pesar de todo, son millones los que siguen entregando el fruto de su esfuerzo sobre esta delgada capa de arena que oculta las raíces de los andes en su entrada al mar.
LIMA milenaria, enigmática, polvorienta y multitudinaria.



